Por: Ana Barrón

San Miguel de Allende, Gto. 22 de abril 2019.- Con una tradición de más de 100 años, los habitantes de la comunidad “La Cieneguita” realizan su feria patronal en honor al Señor de la Salud del  20 al 30 de abril, al que acuden peregrinaciones de diversas localidades del municipio.

 

Esta feria es muy concurrida por cientos de feligreses, pues durante los dos fines de semana que se realiza la fiesta, se reciben más de 7 mil personas que llegan a visitar a la imagen para agradecer los favores recibidos durante el año o para solicitar unos nuevos.

 

Los festejos se inician siempre en Jueves Santo, día en que se reparten los tradicionales garbanzos; comida de origen otomí que marca el inicio del festejo y la fiesta sigue durante viernes, sábado, domingo y lunes, estos dos últimos días es cuando más peregrinaciones se reciben, sin embargo la fiesta continúa hasta el fin de la semana siguiente.

 

Según historias de algunos habitantes del lugar, hace muchos años, cuando esta región del Río Laja era asentamiento de los indígenas, una enfermedad azotó a todos sus habitantes, especialmente a los niños y muchos de ellos murieron.

 

Fue entonces cuando un cacique  preocupado por la salud de su pueblo salió en la búsqueda del remedio para los males, cruzando el río, en su orilla encontró la imagen de madera del Señor y  con la sola presencia del Santo, todos los enfermos quedaron curados y todos decían: “El Señor de la Salud nos ha sanado” Es por esta razón que desde aquella época indígena, el Señor de la Salud recibe cada año a cientos de peregrinos a quienes con su poder milagroso y ante la fe en él, reciben los dones de sus bendiciones.

 

Hoy en día el azote de aquella enfermedad se representa con azotes de vara de membrillo, pues el segundo fin de semana de la fiesta que es el más grande,  los hombres que  se enfrentan a varazos en una especie de danza o ritual.

 

Con los azotes que sufren en el enfrentamiento buscan compartir el dolor que Jesús sintió durante su pasión y hasta su muerte, pues a espalda limpia se golpean entre ellos con varas de membrillo pues con cada golpe lo ofrecen a Cristo y a Dios, porque así consiguen indulgencias y perdón.

 

Y así ante la imagen dolorosa que conmueve, llegan cientos de fieles hambrientos, adoloridos y debilitados, quienes después de largas jornadas a pie, muchas veces sin tener posada y con unos pocos centavos acuden a visitar a la venerada imagen.

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